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miércoles, 16 de junio de 2010

Yo-Yo Ma en Uruguay. Crónica de un sueño.


El virtuoso cellista nos visitó el pasado domingo junto a la pianista Kathryn Stott. Era una oportunidad única de presenciar un concierto de un nivel pocas veces visto en Uruguay. Al igual que nos anunció la presentadora ese día, esta destacada presencia nos pone al nivel de los grandes escenarios del mundo.


La sala estaba repleta. La solemnidad del evento, y la importancia que tenía para la cultura uruguaya, se sentía en el aire.


La presentación fue breve. La dama que habló frente al micrófono no dijo más de un par de enunciados y se retiró, dejándonos con un escenario vacío, salvo por el piano y tres sillas. Todos esperábamos a los músicos.


Yo-Yo Ma y Kathryn Stott no dijeron ni una sola palabra durante toda la noche. Era innecesario. Su música llenaba el lugar transportándonos más allá de las banalidades de la vida cotidiana. Era increíble estar ahí sentado y sentir cómo esas dos personas hacían que uno amara cada nota y cada movimiento. Verlos ejecutar cada pieza con tanta convicción y sentimiento era algo soñado. Lo que transmitían Ma y Stott está más allá de las palabras. Se sentía adentro, como si supieran que notas tocar y de qué forma para conmover cada fibra de los oyentes.


Nunca había entendido los conceptos que suelen decir los críticos musicales sobre los artistas hasta ese momento. Comprendí qué significa "hacerle el amor" a un instrumento al ver los dedos de Yo-Yo Ma recorrer el cello y hacerlo suyo, mientras este temblaba bajo su mano, se doblaba y parecía hablar. Supe cual qué significa que un artista transmita algo. El lenguaje corporal de ambos músicos acompañaban la pasión que le imprimían a cada pieza con sus instrumentos. Por momentos uno se olvidaba de que había alguien más es ese lugar, ya que las notas parecían llenarlo todo y no dejarle lugar a nada más. Era solamente música. Todo era música. La realidad no existía.


Me hicieron conocer el silencio. Cuando se detuvieron entre una pieza y la siguente, en completa inmovilidad, ese instante silencioso fue una de las cosas más increíbles que presencié. El universo se pausó por un momento y sólo estaban ellos. Fue mágico.


El público retribuyó tanto talento con calurosos aplausos. El final fue el momento más triste pues la magia se acababa. La grandeza de ambos músicos los llevó a volver al escenario en dos ocasiones más, ya que la gente los continuaba aclamando y no deseaba que se fueran. Ambos desbordaban una simpatía contagiosa. Son induscutiblemente uno maestros.


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Aún me cuesta creer que estuve ahí. Esa noche cumplí uno de mis sueños. Jamás creí que presenciaría un espectáculo de ese estilo. Las palabras no me alcanzarían para agradecerle a Daniel, que fue quien me invitó, por algo que realmente sigo pensando que no pasó. Supongo que así son los sueños. Uno no espera que esas cosas le pasen.


Mi madre fue la segunda persona que me escuchó contar los sucesos de ese día, cuando tenía toda la emoción encima. Ese día, mi rostro lo decía todo. Al igual que con Yo-Yo Ma, a veces las palabras no son necesarias.


Acá les dejo un enlace a una nota de el diario "El Pais" sobre esa noche tan maravillosa.




Sigo sin creerlo todavía...

2 comentarios:

Jörgen dijo...

Que lindo che! te felicito, realmente experiencias lindas como están se recuerdan con gran cariño.

Patty dijo...

Gracias. Fue un momento hermoso que nunca creí vivir. Aún me parece mentira... Lo voy a recordar por siempre, porque fue algo que siempre esperé.

Besos.