
Me gusta mirar a las personas a los ojos. Las palabras y las reacciones pueden fingirse. Los ojos son las ventanas del alma.
Hay ojos a los cuales no me gusta mirar. A veces las personas no sienten, no piensan... Al mirarlos, solamente se observa el vacío. Dentro no hay nada. No tienen emociones, ningún fuego arde dentro de sus pupilas.
En cambio, hay ojos que pueden llegar a hipnotizarme. Podría quedarme horas en silencio mirando a esas personas cuyos ojos dicen más de los que ellos creen. Esas miradas encantadoras hablan por si mismas. Algunas son bondadosas, otras son tristes, otras son difíciles de entender. Son miradas que pertenecen a seres que han vivido muchas vidas y guardan cientos de misterios. Lo maravilloso es que ignoran el poder de su mirada. Viven desconociendo que son grandes hechiceros.
Me da miedo pensar en lo que dicen mis ojos. No puedo fingir y cambiar lo que expresan. Cuando algo me enoja, me enamora o me entristece, mis ojos siempre lo revelan. Debería usar anteojos negros para evitar que la gente se de cuenta... He llegado a reconocer mis miradas en los ojos de otras personas. He visto lo que producen al reflejarse en otras pupilas. Y sin embargo... no puedo cambiar nada. Me gusta demostrar lo que siento cuando atravieso emociones fuertes.
(Fiel a mi promesa, en Agosto abandonaré las cursilerías y volveré a la melancolía y tristeza, en lo posible. Este fue un ensayo a ver que tan cursi estoy, jajaja.)

Estos son unos lentes de contacto extraños que encontré en la web. Yo quería tener unos violetas hasta que cierta persona me dijo que tenía unos así y después corté relaciones con la misma (Si, soy así de loca. En realidad, existen otros motivos más aburridos...)