Sus ojos demostraban seguridad. Mostraban una completa convicción. No se permitía fallar. Tomó un profundo respiro y se lanzó al vacío.
Desplegando sus alas en mitad de la caída, planeó a lo largo de ese gran cañón rodeado de vegetación exuberante y por demás hermosa. El silencio, que inspiraba calma, inundaba todo desde aquella altura.
Por primera vez sentía el viento entre sus plumas. Algo inimaginable y sumamente placentero. Al fin lo había logrado. Se sentía realizado. Más allá de todas las expectativas, él surcaba los cielos libre al fin.
Se dejó llevar por las corrientes de aire con calma. No necesitaba llegar a ningún lado. Sólo quería volar.
Llegó a alturas que jamás había imaginado. Desde allí el cañón mostraba su mejor perfil. Se podía apreciar en su totalidad; cada rincón era visible. Se sentía todopoderoso, como nunca antes.
Cuando volvió a tierra, luego de un largo rato acariciando las nubes, sus ojos expresaban sus más profundas emociones.
Se sentó al borde del cañón a contemplar el ocaso, que celebraba junto a él su gran hazaña.




