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lunes, 29 de diciembre de 2008

Una noche cualquiera

La noche era perfecta: cálida y sin nubes. Las luces de la fiesta impedían ver las estrellas. De todas formas, él decidió permanecer afuera, mirando la nada. El cigarrillo le había brindado la excusa perfecta para dejar de bailar con la prima gorda de la recién casada. Gracias, Coronado.

De pronto, Juan deseó un trago. La posibilidad de que alguien volviera a insinuársele de forma explícita le quitó las ganas. Esa mujer sobrepasaba la vulgaridad que estaba dispuesto a soportar. Tal vez dentro de unas horas le diera el gusto. Por el momento estaba demasiado sobrio para considerarlo sin sentir asco.

Una voz familiar hizo que abandonara sus cavilaciones.

- ¿Cómo le va, caballero? – dijo la dama a sus espaldas. Juan se sorprendió. No la oyó acercarse. Es más, ni siquiera la había visto durante la ceremonia o en la fiesta.
- Buenas noches, bella dama. – La galantería intentaba cubrir la brecha del desconocimiento. Ambos eran amigos de los novios, motivo que los había hecho coincidir en un par de ocasiones. Se caían bien, pero no era más que eso.
- Es raro encontrarte acá afuera. Solo – dijo Marcela provocativamente. Juan observó la copa en su mano. El efecto del alcohol se le notaba al hablar. La fiesta apenas había comenzado y ella ya había tomado demasiado. Juan esperaba que no siguiera ofreciéndose. Ella era una mujer hermosa. Si la situación era propicia, sus instintos no tardarían en anular su escasa moralidad.
- Tenía ganas de fumar- dijo Juan dando una pitada y exhalando el humo sin mirarla –. Contame, ¿estás trabajando? – Tal vez, si desviaba la conversación, ella entendería.
- Si, estoy trabajando en una inmobiliaria cerca del shopping.- dijo Marcela, dándose cuenta de la indirecta.
- Ah, mirá. Que bueno.
- Si, yo qué sé. Está bien. Es un buen trabajo. – mintió Marcela, sabiendo que era algo insignificante -. ¿Vos? ¿Seguís trabajando en el banco?
- Si, sigo ahí. Pienso seguir hasta que me echen, je je.
- Está bien. Tuviste suerte. – No, no fue suerte. Había tenido que estudiar mucho para ganar el maldito concurso. “Aun borracha se te nota la envidia”, pensó Juan con amargura. No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa. A ella le jodía. Él lo disfrutaba.

Llegó ese silencio incómodo que visita todas las conversaciones forzadas. La única escapatoria era continuar con esa lista de preguntas que se hacen en cualquier charla intrascendente.

- ¿Y tu familia? – preguntó Juan para decir algo -. Vos tenías un hermano que estudiaba en la facultad, ¿no?- Si, estaba casi seguro que la había escuchado comentar algo al respecto.
- Murió hace cinco meses. Un accidente de auto.

La noche se hizo de pronto más fría. Juan jamás hubiese esperado esa respuesta. Nadie lo haría. Quería decir algo pero estaba en blanco.

Muerto. “Ella lo dijo como si ya no importara. Es cierto, no importa” pensó Juan dándose cuenta de que nada podía hacerse.

¿Qué se dice en esos momentos? Nada le venía a la mente.

- Yo… no sabía… – fue lo único que alcanzó a decir, aunque sin lograr asimilar las palabras que había oído unos momentos atrás.
- ¿Cómo ibas a saberlo? – le contestó ella con una expresión que intentaba decir “no te sientas mal, vos no tenés la culpa y yo ya lo superé.” Le contó lo que había pasado. Juan jamás supo que la estaba oyendo -.Voy a buscar otro, ¿te traigo algo?- dijo evitando que Juan intentara decir algo que ya no tenía sentido. Su hermano ya había muerto.
- No, gracias – le contestó y la observó mientras se alejaba.

Juan murmuró algo tan bajo que las palabras apenas salieron de sus labios. "Lo siento" no significaba nada.

Patricia Santos Alvez.

3 comentarios:

Patty dijo...

Gracias Mr. Hyde por leer mi cuento y comentar algo que me hizo arreglar el final y Lore por ser mi editora preferida y amiga super duper, jeje. (Lore se dió cuenta de un error de incongruencia. Si ven alguno, avisen che.)

Anónimo dijo...

Fantástico, me gustó mucho tu relato, la forma de escribirlo, las frases hilvanadas de una forma que hace mucho que no veo en un blog, volveré más a menudo por aquí.
Capitán Blood.

Patty dijo...

Muchas gracias, Capitán Blood.
Te agradezco por haberte tomado unos minutos para leerme. Intentaré ser digna de tus hermosas palabras.