este blog la web

martes, 4 de noviembre de 2008

Martes

Desde hace días estoy buscando algo lindo para publicar en el blog. Hoy lo encontré.

Me tomé el ómnibus tarde. Iba lleno. El calor ahí adentro era insoportable. La mujer que iba a mi lado hablando por celular no se corría hacia el fondo y la vieja que estaba en mi otro costado se empeñaba en rozar mi piel con su brazo y colocar su pie junto al mio. Me decidí y me fui hacia la parte trasera, antes de que se acabara mi paciencia. Se bajaron unos liceales y me senté. Al lado mio estaba una chica que todo el tiempo tuvo la boletera sobre sus piernas. No sé por qué... Tenía un bolso donde guardarla.

Sentí un ruido. Creí que provenía de afuera. Algunos pasajeros también oyeron lo mismo. El culpable era el hombre parado enfrente a mi. Estaba agarrado con una mano del pasamanos que esta cerca del techo mientras con la otra apretaba una latita de sprite light. Sonreí al ver tal prodigio. Si yo lo intentara, seguro me cortaría. Una mujer se dió vuelta a verlo pero no se rio. Algunos no aprecian los talentos ajenos.

Seguí en mi mundo, escuchando música que al parecer no pertenece al género que "corresponde". No importa, sigo investigando ese asunto.

Miro a la chica que esta a mi lado. En la mano tenía un san antonio. Era negro con manchitas anaranjadas y blancas. Parecía su mascota. Me dieron ganas de pedirle que me lo prestara un ratito. El bichito parecía contento. Me intrigaba saber si el animalito había entrado por la ventana o si ella lo había llevado. Miré la boletera de la muchacha. Tenía boletos verdes, así que andaría entre los 15 y 18 años. La foto no parecía suya. Tenía un pañuelo verde a modo de vincha.

Se acercaba mi parada y me bajé, sin preguntar nada.

Tuve teorico de matemática. El ómnibus había demorado mucho y llegué veinte minutos tarde. Cristina me había guardado un lugar. No debería sentarme con ella. Las dos hablamos mucho y ahora se nos dió por reirnos en clase. Tememos que nos echen. Por suerte quedan tres semanas.

Salgo y me voy corriendo para mi talller de escritura. Llegué en hora. Sólo estaba mi profesor, Roy Berocay, y Victor, un chico extraño.

Roy Berocay es uno de mis dos escritores infantiles preferidos. Elsa Bornemman también me gusta/gustaba mucho. Cuando era niña y preadolescente leía sus libros (junto con los de Poe o algun otro que tuviera la suerte de caer en mis manos).

Hoy me animé. Le pedí que me firmara mis libros del sapo Ruperto. Me dijo que sí.

¡Roy Berocay me autografió sus libros y me escribió una dedicatoria!

Un sueño hecho realidad.

Esto, mis estimados lectores, es algo lindo.

1 comentario:

Marcelo dijo...

Un lector (espero que estimado) se ha sentido identificado con las peripecias/observaciones en el colectivo. Pena que sus autores infantiles no quieran (o no puedan por cuestiones biológicas) firmarle alguno de sus libros favoritos.