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martes, 18 de noviembre de 2008

I don´t like the drugs but...



Metí las manos en los bolsillos en un vano intento por protegerlas del frío. Temblaba. Miré hacia arriba. El reloj del banco marcaba las veintitrés cincuenta.

Me encontraba bajo el único farol que alumbraba la plaza. Di unos cuantos pasos tratando de calmar la ansiedad que me invadía. Volví a mirar la hora. Cada minuto, cada segundo era eterno.
A lo lejos aulló un perro. Oí pasos. Le rogué a Dios que fuera él.

- ¿Hace mucho que esperás?- me dijo al acercarse.
- No, no. Recién llegué- me apresuré a contestar. Quise aparentar una calma que no poseía. El movimiento impaciente de mis manos me delataba.
- Tomá. Lo que me pediste- me dijo entregándome un paquetito-. Si necesitás más, ya sabés cómo ubicarme.

Le pagué, me guardé el paquetito en la campera y me fui corriendo a casa. Era todo lo que necesitaba. Ahora todo iba a estar bien. Unos cuantos gramos y volvería a ser yo mismo.

Hoy Roy Berocay, nos hizo una devolución a todos los que asistimos a su taller de escritura. Me dijo que escribo bien... (si estuviera en el MSN, agregaría una carita :-$, o sea, sonrojada). Por suerte, yo no me creo las mentiras que me dicen.

Eso que escribí al principio es una parte de un ejercicio que hice. Intento ser menos vergonzosa y publicar mis trabajos. El ejercicio constaba de escribir la misma situación, contada en primera y en tercera persona, cambiando el clima de la situación.



La plaza estaba repleta de gente que iba y venía. El sol se encontraba en su punto más alto. Juan caminaba inquieto alrededor de la fuente. Hacía quince minutos que esperaba a alguien. Se sentía incapaz de seguir soportando a esa multitud por más tiempo.

- ¿Hace mucho que esperás?- dijo una voz familiar a su espalda.
- No, no. Recién llegué- contestó apresuradamente Juan con tono despreocupado mientras sus manos se movían nerviosamente.
- Tomá. Lo que me pediste- dijo el otro entregándole un paquetito. Juan miró el papelito con desesperación. Al otro le avergonzaba esa mirada delatora-. Si necesitás más, ya sabés cómo ubicarme.

Juan le pagó y se alejó rápidamente manoseando el paquetito dentro del bolsillo de sus jeans. Transpiraba bajo el ardiente sol de enero. Deseaba con urgencia llegar a su casa. Con unos cuantos gramos, volvería a ser el mismo de siempre.

4 comentarios:

Marcelo dijo...

sabés qué? escribís bien.

Patty dijo...

Gracias, Marcelo. (Este comentario incluye una carita sonrojada).

MUERTEVIDEANOS dijo...

Preguntale a Roy Berocay si el sapo Ruperto no es familiar de Saltoncito o la Rana Renee por favor.
Prefiero a Roy en La Conjura, a propósito de composiciones.
Claro que escribis bien (Cara envidiosa.com)

Patty dijo...

Mi cuenta pendiente es ver tocar a Roy con su banda. Ya me habían dicho que es bueno. Yo sigo admirándolo como escritor y como profesor.
Muchas gracias, Darío. Nada de envidia. Vos sos mucho mejor escribiendo (entre bloggers nos halagamos).