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domingo, 7 de febrero de 2010

"Cuando llegue"

Este cuento lo escribí hace un par de años. Pensé que lo había perdido y hoy lo descubrí por casualidad. Se los muestro antes de que vuelva a extraviarlo nuevamente.
En esa epoca me costaban los diálogos y apenas los incluía en mis relatos.
No es de mis mejores obras, pero me encanta.
Cuando llegue.


Cuando llegue espero ver todo igual que antes. Deseo ver el caminito de margaritas bordeando la entrada hasta la puerta verde despintada. Quiero tocar el timbre y escuchar como ladran los perros de mi abuela. Abrir el portón de madera y oír como cruje por la falta de aceite. Cada vez que voy lo reparo y le digo al abuelo que debe aceitarlo cada tanto. Él se ríe y promete hacerlo. Yo también sonrío al decírselo. Ambos sabemos que volverá a olvidarlo.

Mientras miro por la ventana del tren recuerdo todos los buenos momentos que pasé junto a ellos. Los veranos en que cacé mariposas y pesqué junto al río. Las tardes en las que trepé a los árboles y grité hasta quedarme sin aliento. Me encantaba correr por esos campos infinitos hasta caer rendido sobre la hierba.

A veces mis padres no tenían tiempo para estar conmigo y escucharme. Mis abuelos siempre estaban ahí cuando los buscaba. Mi abuela solía sentarse a mi lado y contarme infinidad de historias. En otras ocasiones, simplemente se sentaba a mi lado mientras era yo quien relataba cuentos inventados. A ella le gustaba escucharme, algo que muy pocos adultos hacían conmigo en ese entonces. Apreciaba muchísimo que se interesara sinceramente por lo tenía para decir.

¡Qué días aquellos, en los que todo parecía posible! Lo que más disfrutaba era sentarme a mirar el cielo. De día, mirando las nubes, soñaba con dragones y calaveras. De noche surcaba el espacio en mi nave espacial imaginaria. Sólo ahí, en la casa de mis abuelos, era posible el milagro de aventurarme en todo aquello que se me ocurriese. Mi mente se cohibe ante la civilización. Me resulta imposible vivir historias como esas en otro sitio.

Ah… mis días en esa granja eran geniales.
Cuando crecí continué visitándolos, aunque los periodos entre cada una de mis visitas fueron haciéndose cada vez más largos. Mis responsabilidades aumentaron con el correr de los años. A pesar de todo, trataba de prolongar mis días allí tanto como podía. Me encantaba ir a ese lugar perdido por fuera de los límites del tiempo y del espacio. Ahí siempre permanecía todo igual. Nada cambiaba. Mis abuelos vivían en una isla verde.

Cuando llegue voy a probar suerte otra vez. Quizás pueda volver a realizar mis sueños por unos instantes. De todas formas, sé que no será lo mismo. Ellos ya no están ahí ni en ninguna otra parte. La granja es sólo un trozo de tierra. Iré por última vez al lugar que supo ser el más feliz de mi existencia. Pronto dejaré de llamar a esa propiedad "mía". Mañana firmaré mi sentencia a vivir sin sueños en la triste realidad. Se van todos mis anhelos y recuerdos más profundos de la infancia. Abuelos, mírenme, ya soy todo un hombre.

Patricia Santos Alvez.

5 comentarios:

LatinShura dijo...

...
q Bonito, este me gusta... xD
m gustan tus cuentos mas q los poemas, asi q olvida los poemas y escribe mas cuentos :P

DavCap...!!!

pepitos dijo...

muy lindo cuento, me encanto pat!

no tengo mucho mas que decir.

un saludo pat!

Patty dijo...

LatinShura: uhh.... ¡me hacés trabajar! Por vos voy a escribir algo, dale? Después no te quejes ni me hagas preguntas raras! (Aunque todavía no sé que voy a escribir)

Besos.

pepitos: ¡muchas gracias! Gracias por leer mis cuentos.

Besos.

ojo dijo...

Me gustó el cuento.
mMe sentí de alguna forma "en el lugar" del portagonista al ir avanzando en la lectura.

En otro orden, yo prefiero siempre la realidad, pero sé que es lindo soñar.

Saludos!

Patty dijo...

ojo: muchas gracias por leerme. Me complace que mi cuento te gustara y que pudieras meterte en el relato.

Los sueños nos ayudan a escaparnos por un rato de la realidad.

Saludos.