El título del post es el de una canción pedorra que pasaban en la radio.
Hace una semana que ando bien. Muy bien en realidad. Después del último post tuve idas y venidas, así que ahora tengo que esperar para ver cuanto me dura.
Tengo un trabajo, que a pesar de algunos malos ratos, me encanta.
Los quiero. Espero volver pronto.
Hola, soy Patty. Escribí acá hace mucho tiempo. La Guadaña empezó siendo algo, se transformó en otra cosa y ahora no sé.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
Viven
Sigo viva. Recién veo que no publiqué en Setiembre.
Estoy mejor. Estamos mejor. Hoy tuve una recaída, por eso estoy acá. Son las dos de la madrugada, tendría que estar durmiendo.
Voy a subir fotos de mi alfombra, en un post al mejor estilo Art Attack. Hace tiempo tengo ganas de escribir una entrada con los nombres de todos mis amores, los correspondidos, los que no, los platónicos, los que nunca podrán ser. Sería super Patty, super romántico, muy cute.
Me voy a dormir.
viernes, 31 de agosto de 2012
Revelaciones: Capítulo 2
Capítulo 2:
2:1 Escribí la entrada anterior por un compañero de facultad (y de carrera, además) que me gustaba y consume marihuana. Si, me gustan siempre el mismo tipo de hombre. A él le parece bien lo que hace, por eso lo digo acá. Si alguien lee esta entrada, ya sabe de quien hablo porque me encargué de nombrarlo y poner ojos de boba al hablar de él. Como siempre, me encanta enamorarme y busco víctimas a diestra y siniestra.
2:2 El problema fue otro. Me re gustaba, y creí que con el iba a resolver cierta cuestión que complica mi existencia. Ah... yo y mis "grandes problemas"... Si este muchacho se hubiese dado cuenta de todo lo que me estaba pasando, o bien salía corriendo, o se enamoraba completamente de mi. Me gusta pensar que podría haber pasado lo segundo. Me encargué de utilizar mi máscara más cerrada y confundirlo al extremo. Al tiempo que le revelaba completamente mi ser, le mostraba qué tipo de personajes puedo interpretar. Tenía miedo de mostrarle mi alma. Estuve a punto de hacer cosas que no hubiese hecho en mi sano juicio, y por las cuales mis amigos me llamaron la atención. Estaba peligrosa. Estaba "más desinhibida", para utilizar las palabras de Nancy.
2:3 Abandoné el blog porque surgió algo que me aflige mucho. Sé que muchas veces me expresé escribiendo lo triste que me sentía. Bueno, ahora es en serio. Está pasando algo feo en mi vida, que aunque no me pasa directamente a mi, es como si fuese así. La vida me parece algo FUGAZ. Esa palabra guía mis días. No me importa nada, porque todo es fugaz, nada permanece, nada controlamos. Es estúpido. Nada tiene sentido sabiendo que hay cosas que nos pasan porque si. Estoy mucho más triste que la primera mitad del año (ah, si... tuve una racha muy fea que oculté con sonrisas y que fue mucho más profunda que todas las que había tenido hasta ahora). Lo manejo como una adulta, cosa extraña en mi, que no dejo de ser la niña inocente esa a la que todo le afecta y que vivió por años en una cajita de cristal. Tengo que mantener la fachada todo el tiempo, pretendiendo que mi vida es perfecta cuando hay algo que me recontra jode las pelotas y estoy atada de manos. Como dice María, "siempre estamos bien para el afuera".
2:4 Quiero coger y que no me importe nada. No te diste cuenta que quería usar las drogas, el alcohol y sobre todo el ssexo para olvidarme de todo, y que para mi eras sólo el medio para conseguir todas esas cosas. No me conocías, ni me conocés, por lo que no hubieses preguntado que me pasaba. No entendiste nada, puto. Seguís sin entender que yo quería dejar de pensar, y vos eras perfecto para eso. Me quería lastimar, quería tener otras cosas por las que preocuparme, quería dejar que la vida fuese fugaz y que las cosas pasaran sin que me importe una mierda.... Quería que vos estuvieras ahí para vivir una existencia paralela contigo, en la que todo es perfecto y cogemos sin vueltas.
2:5 Prendo la pc y me conecto a internet para no pensar, porque es lo único que me distrae. Abro facebook y a veces cierro el chat para que no me hablen. Miro imagenes, o cosas bobas, que no me exigen utilizar el cerebro. Miro la nada. Pierdo el tiempo acá para no pensar. No escribo en el blog porque en La Guadaña nunca mentí.
2:6 Necesito sacarme tanta tristeza de adentro y no sé como.
2:7 No quiero nada, porque ahora nada me importa. En estos momentos necesito un milagro. No puedo rezar, mi corazón está muy destrozado. Tengo miedo a lo que pueda pasar.
2:8 Estoy llorando. Por eso no escribo. Podría utilizar el blog para escribir cosas alegres que nada tuviesen que ver con lo que pasa, podría decirlo todo y desahogarme. No puedo hacer ninguna de esas cosas. Estoy en el límite.
2:9 Te quiero demasiado.
2:1 Escribí la entrada anterior por un compañero de facultad (y de carrera, además) que me gustaba y consume marihuana. Si, me gustan siempre el mismo tipo de hombre. A él le parece bien lo que hace, por eso lo digo acá. Si alguien lee esta entrada, ya sabe de quien hablo porque me encargué de nombrarlo y poner ojos de boba al hablar de él. Como siempre, me encanta enamorarme y busco víctimas a diestra y siniestra.
2:2 El problema fue otro. Me re gustaba, y creí que con el iba a resolver cierta cuestión que complica mi existencia. Ah... yo y mis "grandes problemas"... Si este muchacho se hubiese dado cuenta de todo lo que me estaba pasando, o bien salía corriendo, o se enamoraba completamente de mi. Me gusta pensar que podría haber pasado lo segundo. Me encargué de utilizar mi máscara más cerrada y confundirlo al extremo. Al tiempo que le revelaba completamente mi ser, le mostraba qué tipo de personajes puedo interpretar. Tenía miedo de mostrarle mi alma. Estuve a punto de hacer cosas que no hubiese hecho en mi sano juicio, y por las cuales mis amigos me llamaron la atención. Estaba peligrosa. Estaba "más desinhibida", para utilizar las palabras de Nancy.
2:3 Abandoné el blog porque surgió algo que me aflige mucho. Sé que muchas veces me expresé escribiendo lo triste que me sentía. Bueno, ahora es en serio. Está pasando algo feo en mi vida, que aunque no me pasa directamente a mi, es como si fuese así. La vida me parece algo FUGAZ. Esa palabra guía mis días. No me importa nada, porque todo es fugaz, nada permanece, nada controlamos. Es estúpido. Nada tiene sentido sabiendo que hay cosas que nos pasan porque si. Estoy mucho más triste que la primera mitad del año (ah, si... tuve una racha muy fea que oculté con sonrisas y que fue mucho más profunda que todas las que había tenido hasta ahora). Lo manejo como una adulta, cosa extraña en mi, que no dejo de ser la niña inocente esa a la que todo le afecta y que vivió por años en una cajita de cristal. Tengo que mantener la fachada todo el tiempo, pretendiendo que mi vida es perfecta cuando hay algo que me recontra jode las pelotas y estoy atada de manos. Como dice María, "siempre estamos bien para el afuera".
2:4 Quiero coger y que no me importe nada. No te diste cuenta que quería usar las drogas, el alcohol y sobre todo el ssexo para olvidarme de todo, y que para mi eras sólo el medio para conseguir todas esas cosas. No me conocías, ni me conocés, por lo que no hubieses preguntado que me pasaba. No entendiste nada, puto. Seguís sin entender que yo quería dejar de pensar, y vos eras perfecto para eso. Me quería lastimar, quería tener otras cosas por las que preocuparme, quería dejar que la vida fuese fugaz y que las cosas pasaran sin que me importe una mierda.... Quería que vos estuvieras ahí para vivir una existencia paralela contigo, en la que todo es perfecto y cogemos sin vueltas.
2:5 Prendo la pc y me conecto a internet para no pensar, porque es lo único que me distrae. Abro facebook y a veces cierro el chat para que no me hablen. Miro imagenes, o cosas bobas, que no me exigen utilizar el cerebro. Miro la nada. Pierdo el tiempo acá para no pensar. No escribo en el blog porque en La Guadaña nunca mentí.
2:6 Necesito sacarme tanta tristeza de adentro y no sé como.
2:7 No quiero nada, porque ahora nada me importa. En estos momentos necesito un milagro. No puedo rezar, mi corazón está muy destrozado. Tengo miedo a lo que pueda pasar.
2:8 Estoy llorando. Por eso no escribo. Podría utilizar el blog para escribir cosas alegres que nada tuviesen que ver con lo que pasa, podría decirlo todo y desahogarme. No puedo hacer ninguna de esas cosas. Estoy en el límite.
2:9 Te quiero demasiado.
miércoles, 18 de julio de 2012
Sobre las drogas
Mis sentimientos en cuanto a las drogas son confusos. He notado que casi todos los tipos que me han atraído fuertemente, consumen sustancias ilícitas. Me gusta eso del chico malo que es bueno conmigo. No los busco adrede. Simplemente después me entero que es así e intento manejarlo.
A mi me disgusta la gente que se droga. En realidad no es que me disguste, ni que me de asco, sino es otra cosa. Nunca había podido definir qué es lo que me pasaba. Es más, cuando hablaba con mi "..." (mi ex amor) sobre el tema, me ponía sombría, bajaba la vista y mi mente pensaba en muchas cosas a la vez...
Pensando en el capítulo 2 de las Revelaciones, me dí cuenta por donde puede venir toda la mano esta de las drogas y lo que siento al respecto. Voy.
Cuando era pendeja, tenía problemas. Siempre tuve muchos problemas, de diferentes índoles. Desde los diez años, mi cuerpo me resultaba "raro". O sea, a los once empecé a usar buzos re largos, a los doce usaba unas remeras deportivas manga corta de varón, varios talles más grandes que el que me correspondía, cuyas amplias mangas me llegaban a los codos y el dobladillo a las rodillas. En segundo de liceo seguí igual y en tercero (con catorce años), empecé a vestirme un poco más normal. Ah, un par de esos años sólo usaba pantalones en verano. Me asaba bajo el sol, literalmente.
Un día, cuando iba al liceo caminando sola de mañana (a veces me acompañaba mi madre), me pasó algo. Estaba en tercero. Yo caminaba dos cuadras y media (dos de esas cuadras son más largas de lo normal) y me encontraba con una amiga y su hermano en una esquina para llegar juntos al liceo. Ese día, cuando salí de mi casa, en la esquina una moto pasó muy cerca de mi al doblar la esquina cuando yo iba a cruzar. Cuando iba por la mitad de la otra cuadra, esa misma moto pasó por la calle, en dirección opuesta a mi. Después de pasarme, dio la vuelta y empezó a seguirme. Cuando crucé la esquina, caminé una de las peores cuadras de mi vida. Un hombre en una moto, del cual solo podía ver sus ojos verdes enormes y sangrientos ya que usaba casco, anduvo a mi lado por la calle mientras yo caminaba por una angosta vereda. El tipo empezó a decirme unas barbaridades espantosas, las cuales mis muy inocentes oídos jamás hubiesen imaginado. Había cosas que me decía que quería hacer con su lengua que a mi no se me habían ocurrido en toda mi puta vida.
Me hice la fuerte. Le decía "no me interesa", mirándolo a los ojos. Seguía caminando sin mirarlo. Le decía que no me importaba. Lo que más miedo me daba era que el tipo me tocara. En esa época ningún tipo me había tocado un pelo (bueno, en realidad dos me tocaron una teta, pero fue porque iban por la calle y se nota que no tenían nada que hacer, los pendejos pajeros esos) y sentía tremenda fobia a que el hombre de la moto me tocara con la punta de uno de sus repugnantes dedos. Yo caminaba y el tipo meta decirme cosas. Ahora deduzco que el tipo se entusiasmaba cada vez más mientras yo intentaba zafarme de esa situación.
Le dije al tipo que mi tía me estaba esperando en la esquina. El asqueroso siguió así toda la cuadra y cuando estaba llegando con mi amiga, arrancó y se fue. Cuando la vi, me puse a llorar por lo que me había pasado. No quise volver a casa porque tenía miedo de volver a verlo. Llegué al liceo llorando a mares, y un par de amigas me preguntaron que me había pasado. Todos mis compañeros me miraban, yo me sentía muy sucia por lo que me habían dicho. Mis amigas no se enteraron porque me sentía horrible. Lloré toda la mañana en clase. Tenía miedo de ir a casa y volver a cruzarmelo por la calle.
Mi madre me acompaño muchos días después de eso porque yo tenía miedo. No pensé que me iba a violar, porque eso implicaba mucho más. Me sentí muy mal por lo que me había dicho ese hombre. Mi miedo era a que me tocara, no sé...
Lo peor era que dudaba si yo lo había provocado. Me vestía y actuaba como una monja y me sentía como una puta. Gracias, desconocido motorizado por hacerme sentir así.
Los ojos rojos fueron lo peor. En ese momento, y hasta el día de hoy, pienso que el tipo estaba re drogado. Debo asociarlo y por eso no me gustan las drogas. Asumo que acá resolví mi problema existencial número 2 (el primero lo resolví en 2009).
No sé si las drogas tuvieron la culpa. Ahora ya no me importa. No es una excusa válida.
domingo, 1 de julio de 2012
Revelaciones: Capítulo 1
Apocalipsis. Libro de las Revelaciones
1:1 Una vez fui cómplice de un robo. Teníamos ocho años. Una amiga se robó un hámster de una veterinaria y yo salí corriendo con ella. En realidad me di cuenta una cuadra más adelante que lo había robado porque yo no la había visto en el momento del hurto. El bicho se murió un par de días después. Tomé la comunión y no confesé ese pecado.
1:2 Años después, me robé un anillo de una casa de cotillón. Yo ya era mayor de edad. El anillo saldría dos pesos (lo que salen tres caramelos). Lo hice para ver qué se sentía robarse algo. En ese momento no era muy cristiana, y quería saber si sentía algo. No puedo decir exactamente qué sentí los siguientes minutos.
1:3 Por más que no hubiese infierno, aunque Dios no me castigara instantáneamente por mis actos, robar no está bien. No me sentí culpable. No temí un castigo de la autoridad. Simplemente, no estaba bien robar. Lo pensé y me di cuenta que era una estupidez apoderarse de algo que no es tuyo. Me imaginé un mundo anárquico tan sólo porque me había quedado con un anillo de plástico color violeta sin pagarlo (el cual me acabo de poner sin motivo). Quedarse con algo que no te pertenece no tiene sentido. No sé explicarlo. Capaz que soy demasiado buena o muy idiota.
1:4 Nunca le conté a nadie lo del hamster ni lo del anillo. Soy de contar las cosas que me pasan, pero esto me lo había guardado.
1:5 Una vez me quise casar con alguien. Nunca fuimos novios ni nada. Nuestra amistad era extremadamente formal. Sólo con esa persona me imaginé que podría casarme. Físicamente no me atraía, la cosa venía por otro lado. No sé si él se casaría conmigo. Quizá si, quien sabe. Hace tiempo que no sé nada sobre él.
1:6 A veces, cuando paso por ciertos lugares, temo volverlo a ver. Me avergüenza un poco saber que pensé en él de esa forma por un tiempo. Me da miedo volver a pensarlo.
La Biblia, en formato Lego.
lunes, 11 de junio de 2012
Game Over
Ray Bradbury, alguien que marcó fuertemente mis días, ha muerto. Segaron la espiga de trigo de tu vida... Hasta siempre, amigo mio.
Esta entrada no es para hablar de él. Desde que empecé el juego del abecedario, supe que después de terminarlo iba a escribir una entrada con este título: Juego terminado.
Empecé a jugar en julio. Estaba enferma en ese entonces y no lo sabía. Mirando hacia atrás, me doy cuenta que ahí ya había dejado de ser yo misma. Surgió algo que me hizo derramar lágrimas y que no me esperaba. Esta vez nadie estaba enfermo, sólo me dolía a mi. Ni siquiera la respuesta positiva que tuve tiempo después podía remediarlo. Recuerdo la amargura con la que lloré... Incluso ahora recordándolo, me vuelve a doler.
Enamorarse a veces no es como uno espera. A mi primer gran amor lo recuerdo de forma diferente con el correr del tiempo: a veces con mucho cariño y otras con un poco de resentimiento. Otras personas no corren con la misma suerte: existe alguien que me embrujó por un tiempo y a quien todos te odian. Para mi estás muerto.
Esta entrada no es para hablar de él. Desde que empecé el juego del abecedario, supe que después de terminarlo iba a escribir una entrada con este título: Juego terminado.
Empecé a jugar en julio. Estaba enferma en ese entonces y no lo sabía. Mirando hacia atrás, me doy cuenta que ahí ya había dejado de ser yo misma. Surgió algo que me hizo derramar lágrimas y que no me esperaba. Esta vez nadie estaba enfermo, sólo me dolía a mi. Ni siquiera la respuesta positiva que tuve tiempo después podía remediarlo. Recuerdo la amargura con la que lloré... Incluso ahora recordándolo, me vuelve a doler.
Enamorarse a veces no es como uno espera. A mi primer gran amor lo recuerdo de forma diferente con el correr del tiempo: a veces con mucho cariño y otras con un poco de resentimiento. Otras personas no corren con la misma suerte: existe alguien que me embrujó por un tiempo y a quien todos te odian. Para mi estás muerto.
Pasaron muchas cosas en estos años que terminaron afectándome. Me sentía muy mal este año. Me faltaba alegría, no era yo misma. No podía respirar. No tenía ganas de nada.
Ahora estoy curada. Hace tres semanas me siento bien. Es más, ni recuerdo lo mal que me sentía antes. Es como si en esos momentos hubiese estado tan mal que mi mente ni siquiera tenía la fuerza para ver lo que sucedía y guardarlo en mi memoria. La gente que conocí este año me mira de forma diferente y piensa que enloquecí. Todo lo contrario. Así soy yo normalmente. Ellos habían visto una sombra de la persona que fui en algún momento.
Yo, la que siempre jugué con la locura, con la melancolía, con la muerte, y demás. Yo me di cuenta que tenía que pedir ayuda. Yo supe que esta vez era en serio y podía tener un final muy feo.
Cuando empecé le conté a mis dos mejores amigos: A. y M. Mi familia lo sabe. Volví a ponerme una máscara para que nadie me tuviese lástima. Necesitaba amor.
Pasé una noche con un desconocido en busca de algo que no tenía. Caminamos y hablamos. Él quería a la mujer que pretendí ser desde que nos conocimos. Después encontré a alguien que creí que me curaría, sin saber que estaba muy enferma para empezar algo. ¿Te diste cuenta de eso, verdad? Lloré por vos, y jugué a que no sentía nada cuando en realidad me había ilusionado bastante contigo.
Desde finales del verano pretendo ser personajes para disimular que me había perdido a mi misma. Demoré en escribir acá porque en este lugar no miento. Esta entrada me está quedando larga porque la escribo de un tirón. No quiero editar. Si estás leyendo esto, es lo que siento. Fui al médico a curarme. Bah, me mandaron. Tomé SOMA. Tomo SOMA. Voy a seguir tomando SOMA. Estoy enferma, me dijeron.
Algunos jugamos con cosas que son serias cuando no sabemos lo que son en realidad. No digo la palabra porque no me parece que sea así. Decirla es reconocerlo. Aún no estoy lista para eso.
Yo soy Patty. Soy así. Me volví a enamorar de mi. Quizá podría querer a alguien más. Por ahora sólo deseo estar curada. Es lo único que me interesa. Jugar no es divertido cuando no podés salirte del juego.
Gracias a los que estuvieron para ayudar. Gracias María, aunque no sabés lo que es un blog ni facebook. Gracias a los que estuvieron sin saberlo. Gracias mamá por todo. Perdón a todos.
Me puse triste otra vez. Es verdad, no estoy completamente curada.
martes, 1 de mayo de 2012
Letra Z: Zombies
Zombies
Los tres estábamos mirando
televisión: mi madre, mi padre y yo. Mi madre le cosía los botones a un viejo
saco, mi padre leía el diario y yo estaba tomando café. El informativo se
dedicaba a pasar una noticia terrible tras otra. Siempre me pregunto por qué no
pasan igual cantidad de noticias buenas que malas, así al menos uno tiene la
sensación de que existe cierto tipo de justicia en el mundo. Viendo sólo lo
negativo, no dan ganas de salir y ser buen ciudadano. En realidad no te dan ganas
de nada, ya que de todas formas te van a terminar robando, violando y/o
matando.
El celular vibró en el bolsillo
izquierdo de mi pantalón. Verónica estaba aburrida y quería saber si yo iba a hacer algo. No hay
mucho que hacer un domingo de tarde.
- Es Vero. Me pregunta si hago algo
hoy – dije releyendo el mensaje.- No vamos a hacer nada, ¿no? – Les pregunté a
mis padres. Cada tanto me toca hacer domingo familiar y debo ir a la casa de
mis abuelos o tíos. Me puedo zafar de alguna de esas visitas, pero si lo hago
muy seguido terminan mirándome con mala cara y después de un rezongo tengo que
ir igual.
- No, hoy no hacemos nada –
respondió mi madre.- Podés hacer lo que quieras.
Tenía la tarde libre para hacer lo
que se me antojara. Junio no se presta para muchas cosas. Mis padres no me iban
a dar más plata porque ya había salido el día anterior y el shopping nos había
aburrido.
Pensé en ir al casino. Habíamos ido
una vez, en verano, cuando recién habíamos cumplido dieciocho años. Con mi grupo
de amigas nos habíamos propuesto hacer aquello que se nos había prohibido durante
tanto tiempo. Comenzamos a ir a bailes para gente mayor de edad, fuimos a un
bar a beber legalmente y entramos a un casino.
Lo del casino fue un embole. Era
totalmente diferente a como lo imaginábamos. No había un tipo con ropa formal
haciendo girar una ruleta ni había mesas de blackjack. Uruguay no es Las Vegas.
Dentro sólo había máquinas
tragamonedas. La mayoría ni siquiera tenía una palanca como las de las películas.
Si alguien ganaba, la máquina te devolvía una especie de ticket para cobrar en
la caja. Hubiese preferido ver una lluvia de moneditas siendo expulsadas de los
slots.
Ese día recorrimos el salón como si fuese un
zoológico. Estaba lleno de gente sentada que apenas movía la mano para realizar
otra jugada. Con mis amigas empezamos a bromear con que estábamos rodeados de
zombies. La gente ahí estaba muerta en vida. Nosotras nos paseábamos cerca de
ellos y no se inmutaban. Seguían con la vista fija en la pantalla, como si
estuvieran siendo hipnotizados. Los tipos ni se fijaban en nosotras. Nunca nos
había pasado algo así. Yo hasta me ilusioné con la idea de que alguno nos
agarrara desprevenida y nos comiera el cerebro. No pasó nada de eso.
Caro y Xime querían apostar. Le
preguntamos al de la caja cuanto era el mínimo y entre ellas, Vero y yo
juntamos 50 pesos. Los cambiamos por un ticket que metimos en la máquina.
Deberíamos haber preguntado también como se jugaba. Fue la plata peor gastada
de toda mi vida. Aún sigo sin saber qué se suponía que teníamos que hacer. Nosotras
apretamos el botón que decía start y algún otro hasta que finalmente no nos
dejó hacer nada más. Perdimos, obviamente.
Fuimos al baño, nos sacamos un par
de fotos con la cámara del celular frente al espejo y decidimos irnos. Yo no
podía creer que a las personas les gustara estar allí sentadas tirando la plata.
Di una última mirada a modo de despedida. El show era desolador. Sentía que
algo me oprimía el corazón estando allí dentro. Cuando nos fuimos, esa
sensación de angustia desapareció.
- Le voy a decir de ir al casino. –
Dije en voz alta mientras escribía en mi celular. De seguro me iba a decir que
no. Con una vez había sido suficiente.- Así nos reímos un rato viendo como la
gente pierde plata.
Mi padre se movió detrás de la sección
de deportes. Con voz calmada pero firme, utilizando un tono que nunca le había
escuchado, comenzó a hablar.
- No es un espectáculo ir a ver como
la gente que no tiene ni para comer se envicia y pierde todo el sueldo. No es
para nada gracioso. Vos no deberías reírte de eso. No está bien.- Siguió
mirando el diario, como si estuviera muy concentrado y ese hubiese un
comentario cualquiera. Noté que no estaba leyendo, y que tenía los ojos raros. Dio
media vuelta y se quedó mirando al reportero que hablaba sobre la política en
EEUU. No volvió a mirarme.
La forma en que mi padre me había
hablado me dejó sin palabras. La situación era rara y yo no entendía por qué.
- Capaz que pasamos por lo de Caro,
así nos muestra lo que se compró ayer en la feria.- Hablé rápidamente y con
vergüenza, como si hubiese dicho algo horrible y necesitara que me perdonaran.
No sabía cómo comportarme. Lo que dije del casino había sido tan solo una
broma.
Siguió sin mirarme y yo me fui a mi
cuarto a cambiarme.
- Me fui, cualquier cosa me mandan
un mensaje. – grité desde la puerta y salí.
Mientras iba en el ómnibus rumbo a
lo de mi amiga seguí dándole vueltas al tema hasta que me di cuenta. A mi padre
no le gustaba apostar. No jugaba a las cartas por plata cuando se juntaba toda
la familia, no le gustaba ver el juego de la mosqueta, nunca compraba el cinco
de oro. Yo nunca lo había visto actuar de la forma en que se había puesto al
nombrar lo de ir al casino. Mi abuelo paterno, el que había muerto cuando mi
padre era joven, el mismo del cual nunca se hablaba, era el culpable. El mismo
que mi madre rumoreaba que era un borracho, que se llevaba mal con su familia y
que no tenía un trabajo fijo. Por eso mi padre odiaba los juegos de azar. Me
sentí mal por haber tocado una vieja herida. Al menos, ahora sabía por qué a mi
tampoco me gustaba ir al casino.
Patricia
Santos Alvez
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
