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miércoles, 23 de febrero de 2011

De libros y lechugas.



Anoche le dije "¿tengo que ordenar todo?" Ella me contestó impasible "en realidad tenés que desordenarlo."
Mi ausencia matutina le dio tiempo para realizar sus deseos más ocultos. Cuando volví a casa vi a muchos de mis libros en un cajón plástico de feria, como si fuesen vulgares lechugas. "¿Vos te das cuenta de lo que hiciste?", le reclamé mientras miraba mis pertenencias más queridas en un intento por hacerme a la idea de lo que estaba viendo. "¿Tuviste cuidado al ponerlos de esta forma?", insistí. Me dolía verlos tan indefensos e incapaces de quejarse. "Los agarré así, mirá", me dijo haciendo un gesto con las manos.

Esos libros siguen ahí, apilados en el cajón de lechugas. Otros descansaban sobre el colchón azul de una cama sin hacer. Ya me amenazó con tocar los que siguen ocultos en otros cajones de mi cuarto...

"¡Oh, condición mortal! ¡Oh dura suerte!"...

Patty Santos.


Esto es una anécdota dramatizada de lo que me pasa actualmente. En mi casa están pintando y me vi obligada a quitar cosas de mi habitación. Sabía que debía quitar mis cosas, pero mi madre me dijo que tenía tiempo y podía hacerlo hoy. Tenía que salir hoy de mañana. Al volver, vi que los libros de mi biblioteca colgante (es una repisa que está sobre mi cama) y varios que estaban sobre una mesa habían sido retirados de mi cuarto y puestos en un cajón grande y sobre la cama de mi madre. Los vi ahí, en un cajón en el piso... Mis libros preferidos estaban ahí como si no yo no tuviese más derechos sobre ellos. Le pregunté a mi madre como los había apilado, mientras seguía mirándolos en un intento por disculparme con ellos por mi descuido. Mi mamá me hizo una seña, como diciendo que los había tomado cuidadosamente en pequeños montones y puesto con cuidado en el cajón. Tengo más libros pero esos no se tocaron y simplemente sacaron los cajones con lo que tenía dentro.

El poema es ‎"¡Cómo de entre mis manos te resbalas!" de Francisco de Quevedo Hacé click para leer este y otros poemas del mismo autor en "La Guadaña".
¡Y sin pagar más!

lunes, 6 de abril de 2009

Francisco de Quevedo


Hace tiempo fui a un Concierto de Poesía del Barroco Hispanoamericano. La selección fue maravillosa. A la mayoría de los poemas no los conocía. Aún hoy recuerdo el momento en que las oí por primera vez en la voz de aquellos trovadores.


Francisco de Quevedo fue el elegido para comenzar y finalizar la velada que tuve el privilegio de presenciar. Me gusta la temática de los dos primeros sonetos (el primero no formaba parte del repertorio). El tercero tuve el placer de escucharlo en vivo. Fue un momento inolvidable.


FRANCISCO DE QUEVEDO


SALMO XIX


¡Cómo de entre mis manos te resbalas!

¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!

¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,

pues con callado pie todo lo igualas.


Feroz, de tierra el débil muro escalas,

en quien lozana juventud se fía;

más ya mi corazón del postrer día

atiende el vuelo, sin mirar las alas.


¡Oh, condición mortal! ¡Oh, dura suerte!

¡Que no puedo querer vivir mañana

sin la pensión de procurar mi muerte!


Cualquien instante de la vida humana

es nueva ejecución, con que me advierte

cuán frágil es, cuán misera, cuán vana.


SALMO XVII


ENSEÑA COMO TODAS LAS COSAS AVISAN DE LA MUERTE


Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes, ya desmoronados,

de la carrera de la edad cansados,

por quien caduca ya su valentía.


Salíme al campo: vi que el sol bebía

los arroyos del yelo desatados,

y del monte quejosos los ganados,

que con sombras hurtó su luz al día.


Entré en mi casa; vi que, amancillada,

de anciana habitación era despojos;

mi báculo, más corvo y menos fuerte;


vencida de la edad sentí mi espada.

Y no hallé cosa en qué poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte.



AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE


SONETO


Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;


mas no, de esotra parte, en la ribera,

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi lllama la agua fría,

y perder el respeto a la ley severa.


Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

médulas que han gloriosamente ardido,


su cuerpo dejarán, no su cuidado,

serán ceniza, mas tendrá sentido,

polvo serán, mas polvo enamorado.