este blog la web

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Un año más


Se viene otro año. Ya podemos empezar a hacer proyectos sobre todo lo que queremos lograr en el nuevo año. Tenemos doce meses por delante para llevarlos a cabo. La mayoría no sobrevivirá hasta marzo. Quedaran olvidados por el camino, y quizá el próximo fin de año, volvamos a desempolvarlos con la esperanza de que esta vez si se harán realidad.


En este mes todo el mundo suele hacer balances. Lo bueno y lo malo. Las pérdidas y las ganacias. No sé hacia que lado se inclinaran sus balanzas. Mi libro de Debe y Haber por fin volvió a tener saldo favorable. Tal vez se deba a que mi contador no es muy bueno y omite ciertas cuestiones. No me importa, dejemoslo así.


Levanto mi copa de Coca-Cola para brindar con ustedes. Desde mi humilde espacio, les deseo lo mejor a mis lectores.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Una noche cualquiera

La noche era perfecta: cálida y sin nubes. Las luces de la fiesta impedían ver las estrellas. De todas formas, él decidió permanecer afuera, mirando la nada. El cigarrillo le había brindado la excusa perfecta para dejar de bailar con la prima gorda de la recién casada. Gracias, Coronado.

De pronto, Juan deseó un trago. La posibilidad de que alguien volviera a insinuársele de forma explícita le quitó las ganas. Esa mujer sobrepasaba la vulgaridad que estaba dispuesto a soportar. Tal vez dentro de unas horas le diera el gusto. Por el momento estaba demasiado sobrio para considerarlo sin sentir asco.

Una voz familiar hizo que abandonara sus cavilaciones.

- ¿Cómo le va, caballero? – dijo la dama a sus espaldas. Juan se sorprendió. No la oyó acercarse. Es más, ni siquiera la había visto durante la ceremonia o en la fiesta.
- Buenas noches, bella dama. – La galantería intentaba cubrir la brecha del desconocimiento. Ambos eran amigos de los novios, motivo que los había hecho coincidir en un par de ocasiones. Se caían bien, pero no era más que eso.
- Es raro encontrarte acá afuera. Solo – dijo Marcela provocativamente. Juan observó la copa en su mano. El efecto del alcohol se le notaba al hablar. La fiesta apenas había comenzado y ella ya había tomado demasiado. Juan esperaba que no siguiera ofreciéndose. Ella era una mujer hermosa. Si la situación era propicia, sus instintos no tardarían en anular su escasa moralidad.
- Tenía ganas de fumar- dijo Juan dando una pitada y exhalando el humo sin mirarla –. Contame, ¿estás trabajando? – Tal vez, si desviaba la conversación, ella entendería.
- Si, estoy trabajando en una inmobiliaria cerca del shopping.- dijo Marcela, dándose cuenta de la indirecta.
- Ah, mirá. Que bueno.
- Si, yo qué sé. Está bien. Es un buen trabajo. – mintió Marcela, sabiendo que era algo insignificante -. ¿Vos? ¿Seguís trabajando en el banco?
- Si, sigo ahí. Pienso seguir hasta que me echen, je je.
- Está bien. Tuviste suerte. – No, no fue suerte. Había tenido que estudiar mucho para ganar el maldito concurso. “Aun borracha se te nota la envidia”, pensó Juan con amargura. No pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa. A ella le jodía. Él lo disfrutaba.

Llegó ese silencio incómodo que visita todas las conversaciones forzadas. La única escapatoria era continuar con esa lista de preguntas que se hacen en cualquier charla intrascendente.

- ¿Y tu familia? – preguntó Juan para decir algo -. Vos tenías un hermano que estudiaba en la facultad, ¿no?- Si, estaba casi seguro que la había escuchado comentar algo al respecto.
- Murió hace cinco meses. Un accidente de auto.

La noche se hizo de pronto más fría. Juan jamás hubiese esperado esa respuesta. Nadie lo haría. Quería decir algo pero estaba en blanco.

Muerto. “Ella lo dijo como si ya no importara. Es cierto, no importa” pensó Juan dándose cuenta de que nada podía hacerse.

¿Qué se dice en esos momentos? Nada le venía a la mente.

- Yo… no sabía… – fue lo único que alcanzó a decir, aunque sin lograr asimilar las palabras que había oído unos momentos atrás.
- ¿Cómo ibas a saberlo? – le contestó ella con una expresión que intentaba decir “no te sientas mal, vos no tenés la culpa y yo ya lo superé.” Le contó lo que había pasado. Juan jamás supo que la estaba oyendo -.Voy a buscar otro, ¿te traigo algo?- dijo evitando que Juan intentara decir algo que ya no tenía sentido. Su hermano ya había muerto.
- No, gracias – le contestó y la observó mientras se alejaba.

Juan murmuró algo tan bajo que las palabras apenas salieron de sus labios. "Lo siento" no significaba nada.

Patricia Santos Alvez.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Guía para la vida de Bart Simpson


Siempre quise este libro. Desde que lo vi en una librería. Gracias Carné de pobre. http://carnedepobre.blogspot.com/
Y si, yo también quiero el cuarto de Lisa Simpson.

viernes, 26 de diciembre de 2008

"Panza de corazón"




El diario "El País" (es el que compran en casa) suele traer pequeños artículos sobre investigaciones científicas. Estas van desde "el azúcar no hace hiperactivos a los niños" hasta "los rubios son una raza en extinción". Son artículos cortitos. Para llenar el espacio vacío ("cuando un amigo se va/ queda un espacio vacío"... Gracias Alberto Cortéz por este gran tema).



Supongo que la mayoría de las notas son tontas y que ese es el principal motivo por el que me gustan. Hay algunas que aun recuerdo. Al leerlas me impactaron. Aún espero que venga alguien a desmentirlas.

  • "Una persona se enamora sólo dos veces en la vida"

Si, dos. ¿Dos? ¿No es un número muy pequeño? Si uno encuentra al ser amado que le corresponde, este número es más que suficiente. ¿Y si no lo hace? ¿Significa que esa persona está condenada a una vida sin amor? Lo que me preocupa es saber cuando ya gastamos esas dos oportunidades. ¿Acaso ahí está el chiste? No lo sabemos, así que podemos pretender que todavía no ocurrió y enamorarnos todas las veces que queramos... ¿o no funciona así?

  • "El amor no es más que un mero instinto de supervivencia en un entorno de soledad."

Esta es triste. Se supone que nos enamoramos por ese simple motivo. Recuerdo que en ese momento estaba enamorada y que me cuestionaba las razones del amor que sentía. ¡Fue un bajón! Creo que en ese momento si estaba enamorada por eso. No sé. Esa oración aún me confunde.

  • "El enamoramiento dura sólo quince minutos."

No lo recuerdo muy bien. Trataba acerca del tiempo que dura el amor. Uno está enamorado de verdad tan sólo un instante. No, creo que no eran quince minutos. Ya me parecía muy poco. No da tiempo siquiera a presentarse. Eran tres meses. Tenia un fundamento biológico. (¿O era un año?) La cuestión es que no existe el amor para toda la vida. Uno se enamora lo suficiente para perpetuar la especie y nada más.



A pesar de lo que digan los científicos, y de lo decida publicar el diario, la gente se sigue enamorando. Eso hace que todo valga la pena.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

We wish you a Merry Christmas






Me gusta esa cancioncita. "We wish you a merry christmas,/ we wish you a merry christmas,/ we wish you a merry christmas,/ and a happy New Year". Supongo que es por la influencia yankee. No me importa.


Conozco otra mejor. Es del gran Alberto Castillo. Antes que yo naciera, mi abuela solía castigarlos a todos poniendo 50 veces el tema "Año nuevo, vida nueva". Era un disco de vinilo, así que cuando terminaba, había que ponerlo otra vez. Cuando crecí y me enteré de la anécdota, quise poner el disco. A mi abuela le seguía gustando, je je.


Nunca me gustaron demasiado las fiestas. El Año Nuevo si, porque yo siempre creo que va a venir algo bueno. A veces me equivoco, pero de todas formas conservo la ilusión.


Este año no quise escribirle una cartita al gordo. Si quiere traerme algo, está bien. Si no, igual estoy contenta. Fue un buen año, no puedo pedir más.


¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!

sábado, 20 de diciembre de 2008

J. Herrera y Reissig esquina Gonzalo Ramirez.




Sé que era mediodía. Probablemente fuera jueves. Si, martes o jueves. El teórico de general I era martes y jueves a las 12:30. Yo generalmente iba al de los jueves.

Salía corriendo de la facultad de ingeniería para tomarme un ómnibus que me llevara a la facultad de química. Comía en el viaje. A pesar de llegar en hora, siempre encontraba un lugar para sentarme. Tenía suerte.

Me perdía una clase práctica de matemática en ingeniería. La clase anterior terminaba temprano. Yo aprovechaba ese ratito para conversar un poco más con una amiga. Seguimos sin tener suficiente tiempo para hablar… Después, bajaba corriendo las escaleras y volaba hacia la parada. Me servían dos ómnibus (149 y 522) y el viaje duraba unos 15 minutos. Tenía un horario ajustado.

Ese día salí de la facultad rumbo a la parada. Crucé en el semáforo como es debido y seguí mi camino. La siguiente esquina siempre fue más complicada: demasiado tránsito sin señalización.

Cruzar calles nunca fue mi fuerte. Siempre estoy media hora parada en cada esquina esperando el momento adecuado mientras decenas de encantadores ancianos atraviesan la calle de un lado a otro.

Antes de llegar a la encrucijada, vi a tres niñas de unos doce años. Sonreí. No sería la primera vez que utilizara el método “cuando ella cruce, cruzo yo”. Ellas me miraron y temí que supieran lo que pensaba hacer. Me dio un poco de vergüenza.

Estuvimos unos minutos esperando. Ah… que tranquilidad era saberlas ahí, conocedoras de los secretos para la sobrevivencia del buen peatón… Finalmente cruzamos.

Sin que me diera cuenta, ellas terminaron rodeándome. La más grandecita dijo que si no le daba toda la plata me cortaba con la navaja que lleva dentro de su campera. Nunca me la mostró. Fue extraño ver como dos señoras pasaron a mi lado ignorando la situación en la que me encontraba. Hubiera gritado pero la niña del cuchillo oculto me advirtió que no lo hiciera. No era necesario que me amenazara. Entre el pánico que tenía y el orgullo de que podría resolverlo yo sola, no tenía intención de hacerlo.

Les hablé. Quise entenderlas. Les rogué que no me asaltaran ya que era sólo una estudiante. Ellas me escucharon pero de todas formas se llevaron mi celular. Sigo pensando que la más chiquita era buena.

Se fueron. Me quedé parada en la esquina. No podía creer lo que me había pasado. Yo sólo quería que me cruzaran la calle. Seguí parada. Pasó alguien que conocía de vista. Quería sentarme en el suelo y no volver a levantarme jamás. Quería llorar y morirme ahí, nada más.
Lo primero que pensé fue que iba a llegar tarde a clase. La fuerza de la costumbre junto al sentido de la responsabilidad casi hacen que me tomara el ómnibus para ir. En ese momento no pensaba, actuaba como un autómata.

Me sentía débil, muy débil. Como pude crucé la calle nuevamente (apenas me daba cuenta de lo que hacía) y volví a la facultad de ingeniería. Era más cerca que ir a la de química o volver a mi casa. Me dio fuerzas saber que allí estaba mi amiga, quien al menos se compadecería de mi.

Recuerdo que había un muchacho joven y un señor mayor jugando al ajedrez. Siempre quise aprender: yo sólo conozco los movimientos básicos. Cuando había pasado por primera vez ya estaban ahí. Al volver a verlos me parecieron diferentes, casi irreales. Me encontraba a unos pocos pasos de ellos y ni siquiera me vieron. Miraban un tablero sin notar mi tormento interior.

Al pasar frente al Castillo del Parque Rodó me dolió el alma. Pensé en todo lo malo que me había pasado en los últimos seis meses y casi me rendí. Sabía que si lo pensaba medio segundo más no podría seguir adelante. Como pude me arrastré y conseguí llegar hasta mi destino.

Ella abrió los ojos al verme y salió del salón. Se sentó conmigo en el pasillo y se quedó sin habla cuando le dije “me robaron” con una sonrisa triste en los labios. Es raro, suele hablar tanto… Entró, sacó sus cosas y nos fuimos a sentar en el primer piso. Ahí, en un banco (el “de la mala suerte” porque poco antes en ese mismo asiento le había contado otra desgracia), me permití llorar mientras le relataba mi pérdida. Más tarde volví a llorar, esta vez en brazos de quien me dio la vida. Desde ese entonces, creo que siempre lloro porque me robaron.

El celular no es lo que me importaba. Ese día perdí mucho más que un objeto. Perdí mi confianza, algunas ilusiones, un poco de mi inocencia, y gran parte de mi idealismo. Dejé de creer en la gente buena y en los cuentos de hadas en los que un caballero siempre te rescata. Son mentiras, iguales a la que me dijo esa niña sobre su navaja.

Prefiero engañarlos a todos y dejar que piensen que lamento la pérdida de algo material cuando les cuento que me robaron. Celulares hay por todos lados, igual que gente con el corazón destrozado.

Patricia Santos Alvez.





sábado, 13 de diciembre de 2008

Citas citables


Me gustaba leer la revista "Selecciones". Las más viejas son las mejores. Hasta son un poco machistas y tienen "futuros adelantos tecnológicos" que dan risa. De esos hermosos ejemplares del "Reader´s Digest", solía sacar las frases que venían al pie de página o en la sección de "Citas citables. Luego, también transcribía las de otras revistas, como "Muy Interesante" o la de alguna página web. Por último, empecé a recabar mis propias frases de libros o películas que me gustaban.


Antes que alguien más lo haga, lo digo yo. Si: tenía mucho tiempo libre, no tenía nada mejor que hacer, me gustaba demasiado escribir y necesitaba hacerlo, soy una persona con hobbies extraños... Como sea. Acá va una serie de las frases.


  • "No podemos ocultarnos eternamente quienes somo en realidad." John McCain.

  • "Algunos ven el vaso medio vacío; otros, medio lleno. Yo lo veo demasiado grande." George Carlin.

  • "El tonto llega a arrepentirse de sus palabras; el sabio, de su silencio." W.H.

  • "En este mundo, en resumidas cuentas, cada quien consigue lo que merece. Sólo quienes tienen éxito lo reconocen." Georges Simeon.

  • "Cuando apuntas a la perfección, descubres que es un blanco móvil." George Fisher.

  • "La pereza va tan despacio que la pobreza pronto la alcanza" Benjamin Franklin (mi mamá siempre me la decía sin nombrar al viejo Ben.

  • "La mayoría pedimos consejo cuando sabemos la respuesta, pero queremos que nos den otra." Ivern Ball.

  • "El que a nada apunta, a nada le da." (esto también me lo dijeron en mi primer trabajo)

  • "Quizá la mayor equivocación acerca de la soledad es que cada cual va por el mundo creyendo ser el único que la padece." Jeanne Marie Laskas.

  • "Un suspiro es un resuello que nos sobra por alguien que nos falta." (si lo sabré yo...)

  • "Hay una sola regla para ser buen conversador: aprender a oír." Christopher Morley.

  • "De los pocos placeres inocentes que quedan a los hombres de edad madura, quizá el más vivo sea el de hacer entrar a un necio en razón." T. H. Huxley.

  • "Para alcanzar lo maravilloso hay que pensar precisamente lo impensable." Tom Tobbins.

  • "Las tentaciones, a diferencia de la oportunidades, siempre llaman dos veces." O. A. Battista.

  • "Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito." Truman Capote.

  • "El afortunado hallazgo de un sólo libro puede cambiar el destino de un hombre." Marcel Prévost.

  • "Ten el valor de la astucia que frena la cólera y espera el momento propio para desencadenarla." Gengis Kan.

  • "Siempre sirven las sombras para distinguir la luz." José Hernández en "Martín Fierro".

  • "El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas." William Arthur Ward.

  • "Yo creía no tener más ilusiones, pero debí de guardarme algunas, porque sigo perdiéndolas." Paul saint-Onge

  • "No hay preguntas tontas: sólo respuestas tontas." Marshall Loeb.

  • "La mayoría de la gente se avergüenza de la ropa raída y de los muebles destartalados, pero más debería ruborizarse de las ideas andrajosas y las filosofías gastadas." Albert Einstein.

  • "No hay como volver a un sitio que no ha cambiado para darse cuenta de cuánto ha cambiado uno." Nelson Mandela.

  • "Es preferible vivir en un universo donde la vida está rodeada de misterios, que en un mundo pequeño y abarcable en su totalidad por nuestra mente." Harry Emerson.

  • "El optimista permanece despierto hasta la medianoche para ver llegar el Año Nuevo. El pesimista, para estar seguro de que ya se fue el Año Viejo." Bill Vaughan.

Usenlas para hacerse ver con sus amistades como gente culta. Les aseguro que funciona.

martes, 9 de diciembre de 2008

Harakiri

Cierto. No se dice Harakiri. Ese es el nombre vulgar, según me explicaron. No me importa. Eso es lo que iba a hacer. Clavarme un cuchillo en el estomago y fuaaa, destriparme de una.

Tenía el tramontina en le mano izquierda. Si, es la no hábil, pero tampoco era cosa de despanzurrarse (palabra de Mafalda) en serio. De a poco, fui bajando el mouse. Iba por la F y me temblaba el pulso. Suerte que el ratón no distingue y baja de todas formas. Vi la S. Vi Santos. Solté el cuchillo y tapé la parte de la derecha de la pantalla.

Cobarde. Tenía que fijarme. Era ahora, a las dos a.m. o mañana de mañana. No resistiría toda la noche. Ya estaban los resultados, había que verlos. Vamos, corré la mano. Ahí esta, abajo de los deditos...

Un escalofrío recorrió mi espalda. Esa nota definiría el resto de mi existencia. Sola frente al monitor, conocí mi destino: a examen.

Gracias Mauri (profesor a cargo de la Cátedra de Matemática de la Facultad de Química). Si perdía el curso, no sé que hacía.

I LOVE MAURICIO!!!!!!!