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jueves, 30 de octubre de 2008

Mi primera publicación






Esta es la prueba de la primera vez que me publicaron. Se llama "Aperiodico" y se distribuye gratuitamente en la Facultad de Ingeniería, Universidad de la República, Uruguay. En esa facultad son todos muy "matemáticos" y la mayoría son hombres. Yo había sacado un libro en la biblioteca y me invitaron a hacer un comentario. Hice dos. Al lado del título está MI nombre: Patricia Santos. Si hacés click sobre la imagen, se puede leer lo que escribí (aviso, no es la gran cosa. Lo hice en veinte minutos).


PD: Gracias Alejandro por avisarme que me habían publicado y mandarme la imagen.

domingo, 26 de octubre de 2008

Mentiras...

“Lo que me abruma no es que me hayas mentido, sino que ya no pueda creerte en lo sucesivo.” Nietzsche.

Sin embargo, yo sigo preguntándome si ese engaño fue voluntario. Si fui yo la que elegí ver la realidad de una forma incorrecta. ¿Decidí concientemente tener una visión distorsionada?

Hay dos formas de descubrir que alguien miente. La primera es cuando esa persona comete un desliz. Vemos los hilos del titiritero y la ilusión se rompe. La otra es cuando el hechizo que nos afecta se termina. Cuando se cae la venda de nuestros ojos. Allí nos damos cuenta que nuestras impresiones eran incorrectas.

La primera situación se asemeja al espectáculo de un mago. Nosotros sabemos que lo que vemos no es cierto, que todo es un truco, una mentira. Si descubrimos el engaño, ya no tenemos deseos de continuar participando voluntariamente. El mago lo sabe y juega con eso, poniendo toda su capacidad en prolongar la ilusión el mayor tiempo posible. Si nosotros nos aburrimos de sus mentiras, él no tiene nada que reprocharnos. Las reglas estaban escritas de antemano.

El segundo caso es más complejo. Nos colocamos una venda invisible, aún cuando no lo reconocemos. Nadie sabe de su existencia. En algunos casos, tampoco lo sabe el afectado. Existe quien intenta averiguar la causa de nuestra ceguera. Nosotros nos empeñamos una y otra vez en defender nuestra postura con argumentos indefendibles a sus ojos. Los atacantes se rinden y nosotros vivimos felizmente nuestra mentira.

Un día, nos olvidamos de ajustar el nudo y se nos cae la venda. Percibimos todo aquello que nos contaron y aún más, fruto de nuestras propias impresiones. Estamos completamente aterrados ante el monstruo que tenemos enfrente. ¿Qué hacemos entonces? Nos alejamos corriendo y gritando, espantados por el peligro al que estuvimos expuestos por tanto tiempo.

¿A quién culpar en ese caso? Nuestro monstruo siempre se mostró tal cual era, sin ocultarnos nada bajo la manga. No puedo decir quién sufre más. El rechazado se siente dolido por un aparente y repentino alejamiento, el cual no sabe a qué atribuirlo. Nosotros tenemos sentimientos encontrados, dependiendo de a quién y por qué rechacemos.

En uno y otro caso, no es posible seguir tolerando otra mentira.

Sólo Dios puede perdonar. Yo solamente intento no guardar rencor ni emitir juicios de valor a la ligera.

viernes, 24 de octubre de 2008

Sola, siempre sola


Quizás algún día,
pueda abandonar
el reino de la melancolía...

jueves, 23 de octubre de 2008

Tres situaciones

IRA

Matías recibió la bofetada de su padre sin decir palabra. Su mejilla estaba roja y palpitaba. La cara le dolía. Apretó sus dientes con fuerza para reprimir el impulso que tenía en ese momento: emitir un quejido y colocar su mano sobre la zona afectada. No demostraría debilidad ante ese ser despreciable. Se mantuvo erguido, controlando cada uno de sus gestos corporales. Forzó a sus manos a estarse flácidas a los lados y no contraerse en un puño cerrado. Sus grandes ojos azules permanecían clavados en el piso, en un intento por demostrar vergüenza y disimular la hoguera que ardía en su interior.

El señor Rodríguez cerró la puerta de la habitación con la sensación del deber cumplido, dejándolo solo para reflexionar sobre lo sucedido. Apenas se fue, dos lágrimas de impotencia cayeron sobre el piso. Matías era incapaz de defenderse. Lo único que lo confortaba era saber que algún día sería su hora. Ese pensamiento le permitía dormir cada noche con una sonrisa, planeando su venganza.

MIEDO

Se le había hecho tarde, así que decidió cortar camino. Dobló hacia la derecha, por una calle que no conocía. Se sentía insegura entre esas casas extrañas. Vio a un hombre que se acercaba en dirección opuesta. Magela pensó en cruzar de acera. De todas formas le pareció algo estúpido. Él podría hacer lo mismo sin mayores inconvenientes. Apretó la cartera como si fuese un escudo protector y apuró el paso. Sus tacos resonaban contra la vereda. Sentía la ropa pegada al cuerpo. Transpiraba. Seguramente el tipo intentara robarle.

Él hombre olía a vino barato, a sudor y a mugre. Se encontraron. Magela esperaba escuchar la conocida frase “dame la plata”. Él la agarró del pelo y le tapó la boca. Magela trató con todas sus fuerzas de zafarse arañando, pateando y mordiendo. Su cartera cayó al piso. En ese momento ella quería soltarse, correr lejos de allí y gritar pidiendo ayuda.

Las estrellas observaban en silencio. El hombre se arrimó a una pared y empezó a tocarla con una mano mientras le apretaba el cuello con la otra. Magela prefería morirse antes de seguir con eso. Temblaba. Un escalofrío le recorrió la espalda. Todo su cuerpo rechazaba esa intromisión. Las lágrimas le cubrían el rostro. Cerró los ojos gritando sin emitir sonido. Sabía adonde iba a terminar todo eso. Le rogó a Dios. Sólo deseaba que el hombre tuviese la decencia de matarla.


AMOR

Los domingos era el día que Rubén le dedicaba al auto. Se levantaba temprano, y salía al patio a lavarlo. No importaba si hacía frío o calor, siempre hacía la misma rutina. Lo lavaba lentamente y con mucho cuidado, como si fuese un bebé. Luego, cuando estaba seco, le pasaba cera y lo enceraba concienzudamente. Sus manos acariciaban la carrocería hasta hacerla brillar. También se ocupaba del interior. Lo aspiraba hasta que no quedaba una mota de polvo. Lo perfumaba y le hablaba, ya que aunque fuese tan sólo un auto, le tenía mucho cariño.

Rubén se preocupaba cuando le sentía algún ruidito extraño a su pequeño Chevete. Siempre temía lo peor. Sufría cada vez que debía concurrir al mecánico. Había recorrido varios talleres antes de encontrar al adecuado. Uno en el que no lo dejaban durmiendo a la intemperie. Un lugar en donde lo trataban con la atención que se merecía. Un taller en donde cada auto era especial y era atendido como tal. Como su Chevete, su preciado tesoro, su única familia.

Hierba mala nunca muere

Aquí estoy, mis queridos amigos y público imaginario. Cómo lo prometí, este post está dedicado pura y exclusivamente a una persona: a vos, Marcelo. Gracias.

Bueno, mis queridos amigos reales, como verán, este es mi blog. Hoy he decidido abrir las puertas al público en general, quitando el velo de misterio que lo cubría. Por esa razón, los he invitado a todos a través de un sencillo correo electrónico. Todavía tengo mis dudas con un par de personas (porque sé que me van a juzgar diferente al resto).... En fin, tengo que aprender a valorar mi trabajo.

Edite un poco más este espacio, dejando algunos artículos que creo que no merecen desaparecer. De todas formas, quiero aclarar que:

  1. los emo, si se visten o no de negro no es de mi incumbencia. Ese artículo es un esbozo.
  2. conocí a una mormona (santos de los últimos días). Es mi segunda referente como cristiana, después de esa personita de la que ya hablé. Y mil disculpas si alguien se ofende por lo de que me saquen el diablo. Me haría falta algo así.
  3. qué más... ah, si. El poema es cursi, pero es el primero que muestro (y el único)
  4. si, escribía declaraciones de amor por correo electrónico. Ay, que tiempos aquellos...
  5. lo de la discriminación es cierto. Ya dejó de tener gracia escandalizar viejas y conocido pacatos con lo de "me gusta Dani Umpi". Me aburrió. Nadie entendía el mensaje en su totalidad.
  6. Asimov. Idem. Era la tarjeta de presentación de esta damisela, junto con lo de Dani y que me gusta King. Gente, no soy tan simple. También me aburrió. Hace años que no leo nada del Doctor. Yo LEO. Sé lo que es bueno y lo que es malo. Punto.
  7. El cuento lo escribí hace mucho. Voy a postear alguno de mis ejercicios. en una de esas, me animo y escribo un original dedicado a La guadaña. Es importante, abstraese del la persona-escritor y leer objetivamente. No todo son anécdotas personales.
  8. Nuevamente, gracias Marcelo.