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domingo, 26 de octubre de 2008

Mentiras...

“Lo que me abruma no es que me hayas mentido, sino que ya no pueda creerte en lo sucesivo.” Nietzsche.

Sin embargo, yo sigo preguntándome si ese engaño fue voluntario. Si fui yo la que elegí ver la realidad de una forma incorrecta. ¿Decidí concientemente tener una visión distorsionada?

Hay dos formas de descubrir que alguien miente. La primera es cuando esa persona comete un desliz. Vemos los hilos del titiritero y la ilusión se rompe. La otra es cuando el hechizo que nos afecta se termina. Cuando se cae la venda de nuestros ojos. Allí nos damos cuenta que nuestras impresiones eran incorrectas.

La primera situación se asemeja al espectáculo de un mago. Nosotros sabemos que lo que vemos no es cierto, que todo es un truco, una mentira. Si descubrimos el engaño, ya no tenemos deseos de continuar participando voluntariamente. El mago lo sabe y juega con eso, poniendo toda su capacidad en prolongar la ilusión el mayor tiempo posible. Si nosotros nos aburrimos de sus mentiras, él no tiene nada que reprocharnos. Las reglas estaban escritas de antemano.

El segundo caso es más complejo. Nos colocamos una venda invisible, aún cuando no lo reconocemos. Nadie sabe de su existencia. En algunos casos, tampoco lo sabe el afectado. Existe quien intenta averiguar la causa de nuestra ceguera. Nosotros nos empeñamos una y otra vez en defender nuestra postura con argumentos indefendibles a sus ojos. Los atacantes se rinden y nosotros vivimos felizmente nuestra mentira.

Un día, nos olvidamos de ajustar el nudo y se nos cae la venda. Percibimos todo aquello que nos contaron y aún más, fruto de nuestras propias impresiones. Estamos completamente aterrados ante el monstruo que tenemos enfrente. ¿Qué hacemos entonces? Nos alejamos corriendo y gritando, espantados por el peligro al que estuvimos expuestos por tanto tiempo.

¿A quién culpar en ese caso? Nuestro monstruo siempre se mostró tal cual era, sin ocultarnos nada bajo la manga. No puedo decir quién sufre más. El rechazado se siente dolido por un aparente y repentino alejamiento, el cual no sabe a qué atribuirlo. Nosotros tenemos sentimientos encontrados, dependiendo de a quién y por qué rechacemos.

En uno y otro caso, no es posible seguir tolerando otra mentira.

Sólo Dios puede perdonar. Yo solamente intento no guardar rencor ni emitir juicios de valor a la ligera.

4 comentarios:

Marcelo dijo...

Me pergunto si vos viste el truco o se te cayó la venda...
Un saludo!

Patty dijo...

Yo tuve que quitarme la venda porque mi ceguera autoimpuesta no daba para más. Fue una lástima. Perdí un par de seudoamigos.

Marcelo dijo...

En ambas fotos soy el que está por el piso!

ace1138 dijo...

Si un amigo se pierde… es que en realidad no es amigo.